Lo que todos callan del Palacio de Lecumberri

Lo que todos callan del Palacio de Lecumberri

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Porfirio Díaz mandó construir un «infierno» para quienes no acataran la ley. Se trataba de una cárcel que también conocemos como El Palacio de Lecumberri, inaugurado el 29 de septiembre de 1900 en la Ciudad de México.

Una cárcel que albergaría a menos de 800 personas, pero que se salió de control y llegó a tener hasta 5 mil prisioneros, entre los que resaltan Francisco Villa, Francisco I. Madero, Pino Suárez, José María Revueltas, Alfaro Siqueiros, Demetrio Valle, en otros.

Trece años para ser construido y hoy resguarda el Archivo General de la Nación. El Palacio Negro, como se le conoce, es foco de atención porque se dice que ahí ocurrieron las más grandes injusticias. Miles y miles fueron los reos, muchos de ellos llegaron aún siendo inocentes y fueron golpeados, denigrados y hasta asesinados en ese oscuro lugar.

Los años han pasado, pero la historia se sigue contando, no sólo la oficial, una que va a más allá de lo comprensible; se dice que el Palacio Negro de Lecumberri está lleno de fantasmas que no titubean a la hora de hacerse notar.

De acuerdo con enterados son varios los trabajadores que han declarado haber tenido encuentros paranormales. Cuando el edificio fue remodelado, se encontraron huesos humanos enterrados cerca de las salidas. Pero eso no es de sorprenderse, a menos que se acompañe con ruidos y sucesos misteriosos.

Son pocos quienes llevan trabajando en el lugar por más de 20 años, pero aseguran que ahí pasan cosas extrañas.

La historia de un «Charro Negro» es de las más famosas, se dice que aparece por el auditorio del Palacio y que cuando está cerca se escuchan gritos, lamentos, ruidos extraños que alertan a cualquiera.

Hay un caso en específico que llama la atención, el de Don Jacinto. Resulta que un trabajador del turno nocturno, que hacía la limpieza del lugar, un día se encontró con un hombre bastante demacrado que iba caminando hacia él; cuando lo tuvo más cerca le preguntó qué era lo que hacía en ahí y a esas horas de la noche; -«Otra vez no vino mi Amelia», dijo aquel hombre que en un momento de distracción desapareció.

El empleado, ante la incertidumbre, decidió que era necesario investigar de quién se trataba. Cuando lo hizo, se encontró que era Don Jacinto, un señor que había estado preso en Lecumberri en la década de los cuarenta; la misma en la que murió.

Las historias comenzaron hace ya muchos años atrás, cuando los mismos reos platicaban a su familia el «infierno» que era vivir en Lecumberri; de ahí nace el apodo de negro. Pero las historias no pararon cuando la cárcel cerró el 27 de agosto de 1976.

Desde entonces, las interrogantes abordan a todos los que por alguna u otra razón tienen que pasar varias horas en el Palacio Negro.

Hoy en día es sede del Archivo General de la Nación (AGN). El AGN es uno de los más antiguos archivos históricos de América, y constituye una fuente inagotable para la investigación histórica y para diversas disciplinas.

Si quieres comprobar todo lo que se dice sobre este fantasmagórico lugar, que alguna vez fue criticado por las modificaciones generales para el archivo, pero que pasará a convertirse en un centro cultural y que sigue guardando misterios en su interior, acude de lunes a viernes, en horarios de oficina para ver si te encuentras a Don Jacinto o alguien conocido.