La primera actriz Evangelina Elizondo murió a los 88 años de edad

La primera actriz Evangelina Elizondo murió a los 88 años de edad

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La Asociación Nacional de Intérpretes (ANDI) mediante un comunicado en sus redes sociales, informó que ayer martes a los 88 años de edad murió la actriz mexicana Evangelina Elizondo.

Hasta el momento no se han dado a conocer más detalles sobre el fallecimiento de la actriz, que en los años 50s dobló la voz en español de Cenicienta, la princesa protagonista de la película de Walt Disney, empresa a la que Elizondo demandó  por el pago de regalías, pues deseó sentar un precedente para actores de doblaje.

Evangelina Elizondo nació en la Ciudad de México el 28 de abril de 1929. Inició su carrera en el cine en los años 50 y tuvo oportunidad de actuar con figuras como “Tin-Tan”.

La primera actriz participó en 82 películas, entre las que se encuentran: México lindo y querido, Educando a papá, Viva la juventud, Don Juan 67 y recientemente en Princesa, una historia verdadera.

En 1997 en la telenovela Mirada de Mujer encarnó a  “Mamalena”, personaje que le brindó la oportunidad de darse a conocer con las nuevas generaciones. También destacó su trabajo en los melodramas: El Pecado de Oyuki y El abuelo y yo.

Estuvo casada con el ingeniero petrolero José Luis Paganoni. Estando ambos ya divorciados, una noche (la madrugada del 27 de mayo de 1960) en la que Evangelina y su amigo y compañero de actuación Ramón Gay (ambos actuaban en esos días en la obra 30 segundos de amor en el Teatro Rotonda; (algunos rumores dicen que su amistad era algo más), regresaban en coche a casa de Evangelina después de  cenar juntos, José Luis Paganoni atacó violentamente a Ramón, primero con las manos y luego con una pistola, hiriéndolo con un impacto en la mano izquiera y otro en el vientre, enfrente de Evangelina. Posteriormente y aún con vida, Ramón  fue trasladado al hospital, donde murió desangrado.

El año pasado, Elizondo, recibió un homenaje durante la 19 edición del Festival Internacional de Cine de Guanajuato, donde aseveró que quien no ame su trabajo, no lo debería seguir haciendo, “porque es un sacrificio enorme dedicar tu vida a algo que no te gusta”.